miércoles, 8 de diciembre de 2010
ochenta y tantos.
"Mirar hacia delante, recuperar la fe del terco caminante"
Después de tres años. 3 veces lloré el 30 de Noviembre, esta vez: la última.
Ya toca despertar, y volver a empezar desde abajo, con la misma rabia, con el mismo propósito y la necedad de querer conseguir lo que me propuse, aunque no pueda salvarte.
Nunca odiaré tanto los hospitales. Ni las llamadas en la puerta con dos golpes de nudillo.
lunes, 19 de julio de 2010
Aprendió a morir.

No llegaba a 30 quilos. Le pesaba tanto el viento en los pulmones que inhaló la angustia del no poder queriendo. A pesar del frío, reía mordiendo las cadenas que abrazaban con violencia cada parte de sus alas, arrastrándose por demostrar su habilidad para seguir volando sin cometas.
Se le enredó la muerte en las pestañas tejiendo una alambrada de acero que cercaba la puerta de sus sueños. Construyó un imperio de motivos tras los párpados para mantenerse siempre alerta, tragándose la arena que amenazaba anocheceres ahogados entre mantas. Derramó el último suspiro sobre un cielo cubierto de tiramisú y helado. Y en su piel anidaron un millón de palomas negras clavándole feroces garras de impotencia.
(Fotografía: deviantart.com-Juggertha)
martes, 15 de junio de 2010
viernes, 23 de abril de 2010
Autolisis
Rompió los muelles del colchón para no enredarse entre los hilos de su caos.
Voló llorando. Rió muriendo.
jueves, 1 de abril de 2010
Funambulista en retroceso.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Calma y Arena.
Navegando entre las ruinas de tus ojos. Sin más barco que el presente. Sin más puerto que tu risa.
Buscamos transparencia durmiéndonos la siesta en las ventanas, ralladas de chocar contra el quicio de las horas. Que dictan condena perpetuando el miedo en el vacío de la almohada. En tu espalda emborronada con la tinta del recuerdo.
Luego tren. Vagones sujetos con agujas de tormenta que acumulan desierto en tu reloj de arena.
Y después quererte...
sábado, 28 de marzo de 2009
Seguimos.
Y una tenue luz ilumina el mundo patas arriba en tu reflejo. Tan frágil como una motaña hecha con piezas de dominó: Se cae una, y arrastra al resto.Definitivamente, soy yo la que está del revés.
Agualuna, llévame allí,
donde tu piel fue escarcha
para mis manos.
Agualuna, quiero volver
para besar tu pecho
blanco y mojado.
Agualuna...
Vuelvo a tu reino nocturno,
en vano te busco por la bahía.
Puede que fueras un sueño...
**Javier Ruibal
(Como a nadie....)
domingo, 30 de noviembre de 2008
San Andrés y 81
Con 79, bufanda y gorro cubrías mis temores con paraguas.
Ahora el cielo es demasiado alto para tocarlo.
Ya casi no lo intento, porque duele.
Todavía no me acostumbro. Echar de menos desgasta el tiempo y las ganas de reír.
(Últimemente más que nunca)
El tiempo.
....Y las ganas de reír.
(Y si estuvieras aquí no sería imposible disfrutar de los domingos)
domingo, 12 de octubre de 2008
Domingo

Domingo. El olor a mar ha empañado la mañana en el cristal del sueño.
Otra vez la sensación amarga de vacío. El vacío amargo de la taza de café sin leche.
Un bolsillo repleto de dudas y la imagen socialmente correcta encerrada bajo llave en el salón.
Domingo. El sol impone amanecer. Despertarme aunque no quiera. Maneja los hilos del día arrastrando las horas hacia el último atisbo de luz.
Oscuridad endurecida a conciencia por el tiempo que no pasa. Estancado. Frágil. Sin remedio.
Temblando ante un pasado que amenaza su regreso.
Domingo. Otros 7 metros menos para un destino incierto. Desconocido.
Un camino sin hierba con que fumarnos las palabras. Ni las metas.
Domingo. Uno más. Tan diferente, tan como siempre...
sábado, 4 de octubre de 2008
domingo, 24 de febrero de 2008
Existimos

Letras aparte. Es difícil encontrar miradas ausentes de algún tabú que se esconde entre las retinas de un mundo agotado. Tampoco es sencillo unir cada pieza del rompecabezas en cierto tipo de armonía carente de humedad.
Tú mismo me dijiste un día: “La vida no es una canción”. Sin embrago toda canción es una vida.
Creemos vivir colgados de algún estribillo mal escrito entre vientos que se los lleva la palabra. Pero en realidad son silencios rotos por la urgencia de compartir soledad.
Acordes tatuados en la necesidad poco sincera de un abrazo nunca dado que se apagan con el ritmo de un latido.
Acotamos nuestra presencia al deseo de hechos improbables que mantienen en vilo la capacidad de ser nosotros mismos. Y sobrevivimos al abismo de cada decisión que cambia el rumbo de nuestros pasos.
Pero, a pesar de la vida, existimos.
