miércoles, 20 de mayo de 2009

Agua

Aunque el agua sea amarga, y la lluvia de metal. No decaigas. Que la piedra se ha hecho arena y el recuerdo es mar templado.
A pesar del frío, del silencio, de la rabia contenida.

Llegaste con la prosa en las mañanas. Moviendo el aire, limpiando el ruido. Sosteniendo en la mirada bocetos tristes de voz dormida.
Si dices que se acaba, llévate el resto. Lo que duele, lo que empaña. Los años muriendo al filo de navajas oxidadas. Los finales amarrados en pateras que regresan, malviviendo.

sábado, 9 de mayo de 2009

Orugas en el pantalón



Volando a tres mil pies de altura, Madrid tintinea entre agitadas luciérnagas de luz.
Tan solo queda media luna que robarle al puesto del mercado.
Toco tierra (y madera) fumándome el cristal de las puertas que no han querido abrir mi paso.
Luego, se me sube el tiempo en la escalera.

Has llegado demasiado pronto para marcharte. Tan pronto.
Regresar es haber sido feliz. Querer repetir bocetos de sueños que serán siempre diferentes.
Y volvemos. Aún así volvemos.

Aguantamos cuatro horas esquivándonos las ganas.
Moviendo los labios rompiendo el aire (y no otros labios)
Ahora, las orugas en el pantalón han traído mariposas. Con sol y mucho viento. Como en el pico más alto de tus cimientos.
Ya no queda suelo inerte, ni jabón aclarado con palabras.
La Plaza Mayor huele a zumo y gente fría. Entonces, lo racional de lo inconsciente hace que sigamos siendo humanos.

Despierta. Otra vez el reloj no ha querido darnos tregua.
Calla. No me dejes ir. No permitas que amanezca en tu boca un mar de dudas. No quiero pintar de ausencias la incerteza. Tan rastrera.
Esta vez no.