
Letras aparte. Es difícil encontrar miradas ausentes de algún tabú que se esconde entre las retinas de un mundo agotado. Tampoco es sencillo unir cada pieza del rompecabezas en cierto tipo de armonía carente de humedad.
Tú mismo me dijiste un día: “La vida no es una canción”. Sin embrago toda canción es una vida.
Creemos vivir colgados de algún estribillo mal escrito entre vientos que se los lleva la palabra. Pero en realidad son silencios rotos por la urgencia de compartir soledad.
Acordes tatuados en la necesidad poco sincera de un abrazo nunca dado que se apagan con el ritmo de un latido.
Acotamos nuestra presencia al deseo de hechos improbables que mantienen en vilo la capacidad de ser nosotros mismos. Y sobrevivimos al abismo de cada decisión que cambia el rumbo de nuestros pasos.
Pero, a pesar de la vida, existimos.