Durante más de un mes viví abstrayéndome en la línea del horizonte. Más allá del mar. Buscando un pedazo de tierra que me devolviese las ganas de confiar en la que piso. Demasiado lejos de lo que antes era todo.
He logrado vaciar mis emociones hasta lo inconsciente. Hasta incomodar lo cotidiano.
Y ahora...Volveremos a nacer, sabiendo de antemano dónde está la vida que debe ser gastada.
Hasta entonces.... Gracias a la música, al Zulillo convertido en hogar, al color Violeta dando ejemplo, al acento uruguayo dándome más motivos para extrañarlo, al caciquismo de un domingo de Otoño que acabó en llanto (Y abrazo siempre en el momento exacto). A todo el mar que escondes en tus ojos, aguantando la tormenta del jet lag. Y las dudas hirientes que nos hicieron mucho más viejos. (Y sobrevivimos, amor).
Gracias a la risa que estalla rompiendo el silencio en una playa. A tu mano agarrándose fuerte a la pelea.