sábado, 9 de mayo de 2009

Orugas en el pantalón



Volando a tres mil pies de altura, Madrid tintinea entre agitadas luciérnagas de luz.
Tan solo queda media luna que robarle al puesto del mercado.
Toco tierra (y madera) fumándome el cristal de las puertas que no han querido abrir mi paso.
Luego, se me sube el tiempo en la escalera.

Has llegado demasiado pronto para marcharte. Tan pronto.
Regresar es haber sido feliz. Querer repetir bocetos de sueños que serán siempre diferentes.
Y volvemos. Aún así volvemos.

Aguantamos cuatro horas esquivándonos las ganas.
Moviendo los labios rompiendo el aire (y no otros labios)
Ahora, las orugas en el pantalón han traído mariposas. Con sol y mucho viento. Como en el pico más alto de tus cimientos.
Ya no queda suelo inerte, ni jabón aclarado con palabras.
La Plaza Mayor huele a zumo y gente fría. Entonces, lo racional de lo inconsciente hace que sigamos siendo humanos.

Despierta. Otra vez el reloj no ha querido darnos tregua.
Calla. No me dejes ir. No permitas que amanezca en tu boca un mar de dudas. No quiero pintar de ausencias la incerteza. Tan rastrera.
Esta vez no.

2 comentarios:

purple dijo...

"Calla..."


Que el silencio es lo mejor que podemos lograr cuando sobran las palabras...





Oruguillas, eh? Comprendo.





pero nadie te querrá más que yo :-P Que conste.

purple dijo...

POr ser tú te lo traduzco de chino-alemán a castellano:

"Quizá no es demasiado tarde todavía...

para reconstruirme otra vez"



(en exclusiva para Tami)