domingo, 12 de octubre de 2008

Domingo



Domingo. El olor a mar ha empañado la mañana en el cristal del sueño.
Otra vez la sensación amarga de vacío. El vacío amargo de la taza de café sin leche.

Domingo. Polvo blanco en las aceras. Horizonte invisible entre rejas de complejos insistentes. Miedo. Incapacidad. Libertad coartada.
Un bolsillo repleto de dudas y la imagen socialmente correcta encerrada bajo llave en el salón.

Domingo. El sol impone amanecer. Despertarme aunque no quiera. Maneja los hilos del día arrastrando las horas hacia el último atisbo de luz.
Oscuridad endurecida a conciencia por el tiempo que no pasa. Estancado. Frágil. Sin remedio.
Temblando ante un pasado que amenaza su regreso.

Domingo. Otros 7 metros menos para un destino incierto. Desconocido.
Un camino sin hierba con que fumarnos las palabras. Ni las metas.

Domingo. Uno más. Tan diferente, tan como siempre...

1 comentario:

purple dijo...

Odio los malditos domingos...

Ese sabor a sin sabor, ese cansancio en la ventana. El tedio de los minutos transcurriendo lentamente...


Sólo cuando estoy vestida de domingo a su lado se llenan de sentido ;)