lunes, 19 de julio de 2010

Aprendió a morir.


No llegaba a 30 quilos. Le pesaba tanto el viento en los pulmones que inhaló la angustia del no poder queriendo. A pesar del frío, reía mordiendo las cadenas que abrazaban con violencia cada parte de sus alas, arrastrándose por demostrar su habilidad para seguir volando sin cometas.

Se le enredó la muerte en las pestañas tejiendo una alambrada de acero que cercaba la puerta de sus sueños. Construyó un imperio de motivos tras los párpados para mantenerse siempre alerta, tragándose la arena que amenazaba anocheceres ahogados entre mantas. Derramó el último suspiro sobre un cielo cubierto de tiramisú y helado. Y en su piel anidaron un millón de palomas negras clavándole feroces garras de impotencia.

(Fotografía: deviantart.com-Juggertha)


martes, 15 de junio de 2010

sábado, 29 de mayo de 2010

Tú.

Verte sonreír de lejos, y quedarme temblando en tu boca.
No mirar atrás mordiéndome en la lengua el "quédate" que casi se me escapa(y sujetar con las pestañas todo el mar que amenaza derramarse)
Tu geografía en furgoneta. (y las ganas de ver India por tus ojos.)
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Encontrarte.

"[...] y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aún así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpa como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acaba por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra [...]"

Fragmento de Rayuela, de Julio Cortázar.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Mientras me enseñas.

Fue aquella libertad. O los matices tenues de tu lienzo afianzando comunismo. Rompiendo hilos clasistas que etiquetan dignidades.
Tu libertad. El eclipse de segundos que oscurecen un silencio. Incómodo al perder el tiempo suspirando entre adoquines. Los mismos que verán tus huellas, dejándose guiar sin ataduras.
La libertad atea que persigna con fusiles prohibiciones de lo Humano. Capital que aliena el aire que nos llena los pulmones de egoísmo.
Libertad, sin creerte libre.

sábado, 8 de mayo de 2010

No estoy ciega, incremento tolerancia.

Tres veces me hice la dormida mientras quemabas mis poros con tu aliento. Ardiendo en el alcohol de tus quebrantos.
Despertaste al sol cantando, y al salir; la calle bramaba perdiendo el tiempo de los pasos lentos.

No escuchabas. Sólo hablabas de historias vacías adornadas con tu risa, que yo, mirando por tus ojos; intuía tan extensas. Y no era nada. Sólo nada. Besos, mayo y lluvia. La que brotaba de mordiscos en tu oído. Erizándote las ganas. Suave. Con la necesidad de limpiarte el blanco entre las uñas gastadas de mancharse en otros cuerpos.

Estallaron tus rarezas en las sábanas cosidas con harapos queriendo no esperarte.
Y pinté en colores la pared para hacerla confidente: Escucho tu pecho taladrando mis miedos y con un dedo adivino lo frágil de tu olfato. Escondo lo que callo, miro y siento, detrás del muro que crees haber puesto entre las olas y tu arena. De la puerta que cierras simulando ser tan libre. Presumiendo independencia.

Sin saber que te delatas siendo adicto.



"Que frágil me haces sentir, tanto que me doy asco..."

viernes, 23 de abril de 2010

Autolisis

Y en algún lugar de aquellos ojos decidió escaparse de sí misma. Cada poro de la piel que le vestía el hambre se había convertido en un motivo para darse rodillazos contra el suelo.
Rompió los muelles del colchón para no enredarse entre los hilos de su caos.
Voló llorando. Rió muriendo.

jueves, 1 de abril de 2010

Funambulista en retroceso.


Acostumbrada a caminar en las alturas, el hilo de tender se rompe justo cuando aprendes a vivir en equilibrio. Y el punto de partida vuelve a estar exactamente en el mismo centro de la espiral en que creciste. Frágil. Como el jarrón que se cae y al pegarlo faltan trozos.
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