
He contado cada gota de la pintura que disfraza de blanco al techo.
Todavía están las grietas que arruinaron nuestras ganas de volar.
Fue un abril de no hace mucho. De no haber puerta, tal vez no hubieses llamado. Parado. Lento, prolongando el toque de queda en tus palabras.
Ese invierno fue tan frío que apagó confianza en una lumbre. Ya no hay domingo. Ni santo, ni campanas.
Las buenas nuevas se han quemado con deudas de metralla.
Sobra el miedo, y el espejo del lavabo adquiere tono decadente. Pero no me importa. No hay embargo que me expropie la trinchera. [cosida a golpes de martillo y sueño]
4 comentarios:
Pues no, no se ha inventado aún. Ni se inventará nunca.
te quiero....
uff... cada vez que entro en tu blog.. me se saltan las lagrimas...
Que sepas que es la primera vez que escribo un comentario, pero lo merece :D
Un besin tami ;D
Conmoves, coma sempre. Que é o máis difícil de conseguir. Aínda que inspires esa profunda melancolía. ¿Por qué cando falo contigo me inspiras todo o contrario?
Un bico!
Lo de mirarse al espejo y ver decadencia, es mucho de "voy pasado de copas, y no sé qué cojones hago en liberty..." ;)
Publicar un comentario